La primera cita, la computadora nueva, los nuevos amigos, la nueva t shirt, los nuevos zapatos, la nueva vida, la nueva manera de ver la vida, muchas de las cosas que nos llenan de ilusión en nuestra vida tienen fecha de caducidad. Unas más cortas y otras más largas. En está ciudad con millones de habitantes todos los días alguien despierta con una nueva ilusión: el nuevo auto, el nuevo trabajo, el nuevo novio pero también todos los días alguien ve ante sus ojos cómo el castillo, inmenso y perfecto: de repente se esfuma, así sin más. Sin embargo nos han enseñado a luchar por nuestras ilusiones, pero hasta que punto: ¿esa lucha se convierte en una patética y agotadora aferración?.

Alto, moreno, con los ojos verdes ó mediano, blanco, con la sonrisa perfecta, Marco a hecho todas las posibles combinaciones tratando de adivinar cómo es Hugo, aunque no lo dice a nadie en los momentos de silencio imagina su vida con él, el primer momento en que se vean, la primer mirada, la primer sonrisa, sueña que Hugo lo sorprenderá con alguna romántica declaración de amor o con una cena a luz de las estrellas y así entre sueños y sueños llega el momento esperado, Marco tardó horas y horas en elegir el lugar correcto para su primera cita, el día elegido: un sábado al medio día, el lugar: una calle de San Ángel Inn, al lado de una villa que parece castillo y bajo la sombra de un árbol que lleva ahí más de cien años, Marco cargado de ilusiones sale de su casa casi dos horas antes, llega a San Ángel una antes, mientras espera se sienta en una jardinera bajo la sombra del árbol que lleva ahí más de cien años, ahí Marco construye un mundo de ilusiones sin darse cuenta que está construyendo un castillo tan alto pero tan alto que la realidad difícilmente lo alcanzará.

Adrián es uno de mis mejores amigos sin embargo nunca he sabido lo que siente en el fondo, a veces he aprendido a distinguir cuando está triste o deprimido, intento hacerlo sentir mejor pero nunca esperaré que se siente conmigo a hablar de sus sentimientos, después de lo que sucedió con Luca empezó a pensar en muchas cosas, un dejo de nostalgia se empezó a apoderar de sus pensamientos, hacía mucho que una persona no lo hacía sentir lo que estaba sintiendo, la gente normal iría corriendo en busca de esa persona, pero él no. Él prefería dejar que el sentimiento se fuera y después seguir con su vida. Cuándo Adrián quería olvidar o sentía que alguien le importaba más de lo normal reprimía el sentimiento saliendo con más hombres y teniendo mucho más sexo, es por eso que esa tarde mi amigo decidió salir con Pablo un adolescente de unos 19 años que le daba una flojera inmensa pero que tenía un cuerpo bien formado y una tarjeta sin limite de crédito, cómo era de pensar la cena le estaba resultando un verdadero martirio y mientras Pablo hablaba de sus hazañas adolescentes, las cuales Adrián encontraba ridículas, él pensaba en cómo sería todo si se diera una oportunidad con Luca, las fantasías de Adrián no eran como las de Marko, tenían un poco más de realidad: él sabe que las relaciones no son fáciles es más ni siquiera piensa en una pareja monógama sin embargo la idea de tener a alguien con quién poder ser sin barreras lo llena de ilusión.

Ocho llamadas en un día son el paraíso para la gente como Marko pero son una verdadera pesadilla para las personas cómo Fer. Mientras escoge su nuevo outfit en Emporio Armani Humberto le marca para desearle un buen día, mientras camina por Masaryk viendo aparadores Humberto le marca para contarle que ha hecho desde hace 20 minutos que le marco por ultima vez y mientras Fer liga en Vuitton Humberto le marca para decirle que lo extraña. Fernando puede soportar que lo interrumpan mientras se prueba unos jeans o mientras ve las nuevas plumas Mont Blanc pero nunca soportará que lo interrumpan mientras liga para decirle que lo extrañan. Desesperado y a punto de aventar su celular sobre la nueva colección de LV Fer decide que está harto: apaga su teléfono, le hace señas a su ligue, lo sube a su BMW, cruza Masaryk y lo lleva a algún lugar donde ambos botaran sus ropas de diseñador, se besaran todo el cuerpo, tendrán sexo por más de una hora y después jamás se volverán a ver, o al menos eso aparentaran.

Hay gente como Adrián, Fer o yo que tiene sexo sin mayor complicación. El asunto es fácil, conoces a alguien (incluye Cyber conocer), lo invitas a tu casa o él te invita, tienen una pequeña platica de cortesía, después tienen un orgasmo y después puede que no se vean nunca más, sin embargo hay gente como Ro, para quién el sexo es un momento casi de fabula, un momento que hay que planear, soñar y ESPERAR. Luego de meses de planeación Ro y Sergio deciden que quieren tener sexo, ambos se sonrojan mientras lo planean, casi ni se miran a los ojos y por ningún momento entran en detalles, hablar de posiciones, gustos y manías es algo que los sonrojaría demasiado pero aun así la carne es débil y los dos se mueren por tener su primera vez, luego de muchas horas de planeación, horas de mejillas sonrojadas, de insinuaciones disimuladas por fin el deseo tiene fecha de cumplimiento y hotel de realización. Y el día llega Sergio y Ro hablan de cualquier cosa, Ro no lo dice pero las piernas le tiemblan, lo mágico de tener sexo con alguien a quién amas es que importa demasiado. Es cómo las olimpiadas para un atleta que se ha preparado por cuatro años. Ro había esperado más y la competencia estaba a punto de empezar…

Y mientras Ro planea, yo hago. Tendido en la cama todavía percibo el olor que delata lo que ocurrió. Su brazo me rodea el cuello, su olor me hace pensar que hacía mucho tiempo una persona no me atraía tanto cómo él. El sexo es increíble, nuestras pláticas son indescriptibles. Cuándo terminé con Jhonas pensé que nunca más encontraría a alguien tan perfecto y ahora ese nunca está acostado. Desnudo. Junto a mí. Con un cigarro en la mano y esa mirada que no deja de hacerme sentir que todo es perfecto. El cigarro se termina. Julián me mira, me da un beso. Se ríe. Me río. Nos besamos y después por enésima vez lo hacemos cómo si fuera la primera vez. Ya casi me olvido de ese miedo al que tanto me aferré, ya casi me olvido de que prometí nunca hacerme falsas ilusiones y es que sólo hace falta que nuestras miradas se crucen para olvidar y empezar a soñar.

Y en Cancún un hombre que dejo la ciudad, su ciudad, a sus amigos y su vida para ir detrás del amor se da cuenta que la ilusión empieza a darle paso a la realidad.
N: Atl?
Atl: Sí, quién es?
N: Soy NICOLAS
At: Ayyyyyyyyy hermano cómo estás?
N: Pues más o menos
Atl: Por qué? estás bien? todo bien?
N: Sí, no me ha pasado nada, pero pues las cosas con Armando no van muy bien
Atl: Por qué? se pelearon?
N: Uy ya muchas veces, nos peleamos horrible, nos gritamos, me siento muy mal. Sólo. No conozco a nadie en está ciudad. No tengo dinero. Me siento súper triste hermano.
Atl: Nico pero q paso? por q se pelearon?
N: Pues todo cambió hermano, es como si fuera otra persona: súper celoso, posesivo, agresivo. Ya no se puede hablar con él, estoy desesperado no sé que hacer. Me la paso llorando.
Atl: No sé que decir. Habla con él y si no pasa nada regrésate.
N: Sí haré eso. Pero tengo miedo, es como empezar de nuevo, deje todo. No sabes. Es horrible ver que las cosas importantes se te caen en tus propios ojos sin poder hacer nada.
Atl: Sí lo sé. Te quiero…

Y en el DF cinco hombres piensan sobre las cosas que importan. Callados, con los ojos cerrados, bajo un árbol, en un hotel de paso, frente a un aparador de Cartier o mirando la ciudad desde su ventana piensan en lo que están dispuestos a arriesgar, en lo que están dispuestos a dar, en lo que sueñan, desean, añoran. A veces las cosas que importan son las que más se resisten, las que más pesan. Las que más miedo nos da tener porque sabemos que algún día se tienen que ir. Y aun así son por las que damos todo…

La hora llego. Marco no puede permanecer sentado: se levanta, se arregla el pelo. Lo visualiza. Es perfecto de pronto se le acerca un hombre: le pide la hora. Marco apenas lo ve. Le dice la hora de mala gana. El hombre que viste: un suéter gris de cuello de tortuga y unos pantalones negros con pinzas lo llama por su nombre. Marco lo ve otra vez nota que su pelo está peinado con gel y su aspecto le desagrada. Marco dice: ¿Perdón?. Él hombre del cuello de tortuga, los pantalones con pinzas y el gel en la cabeza dice: Soy Hugo. Marco lo ve y abre la boca. Está a punto de llorar y golpearlo. Quién es él para quitarle su sueño. No sabe que decir. Un remolino de emociones lo rodean, quiere: correr, llorar, pegarle, decirle que él no es Hugo, no puede ser. Hugo es perfecto y él no lo es. Marco no encuentra las palabras. Se da la vuelta y se va. Camina lo más rápido que puede y al voltear la mirada ve que Hugo lo persigue, igual de desconcertado y seguramente con las mismas ganas de llorar. A Marco no le importa sólo quiere desaparecer y borrar ese momento. Por fin llega a su auto. Hugo sigue detrás de él. Marko se sube a su auto. Hugo baja la cabeza. Marco comienza a llorar. Hugo también. Marco reacciona: toma el regalo que había comprado, baja de su auto, se pone frente a Hugo: “Perdón había olvidado el regalo”…
Adrián ya no soporta. Está en una reunión con los amigos de Pablo. Lleva más de dos horas escuchando sobre quién se ha puesto la borrachera más “notable” quién tiene el mejor auto, el mejor estilo. Adrián juega con una copa y mientras la mueve piensa en lo diferente que sería estar con Lucas. Se da cuenta que ha estado evadiéndolo todo el tiempo y entonces se ve patético. Se siente patético. Hay veces en la vida que nos sentimos tan convencidos de lo que queremos que casi salimos corriendo en busca de ese algo. Esa noche en una mesa del Tai Gardens Adrián dejo 500 pesos. Se levanto de la mesa. Y fue a buscar a Lucas está vez nada lo detendría. Ya enla Condesa. Adrián toco el timbre una vez. Y nadie atendió. Lo tocó otra vez y nuevamente nadie atendió. La quinta vez la vecina de Lucas salió y le dio una noticia que cimbró a Adrián: Lucas había tenido un ataque al corazón y estaba internado en algún hospital de la Ciudad. Esa noche por primera vez Adrián se dio cuenta de lo que quería. Al salir del edificio Adrián se sentó en una banca del Parque México y lloró. A solas y en silencio.
Por fin Fer contesta las llamadas de Humberto y en lugar de reproches Fer es recibido con palabras que hacía mucho no escuchaba, las palabras y la intensidad con que las dice hacen que Fer se conmueva y acepte salir con Humberto esa noche. Y en la noche en Condesa DF, Fer y Humberto tienen una de las salidas más divertidas: Fer se da cuenta que a veces sólo hace falta dejar llevarse un poco, tirar las barreras, pedir un Martini y empezar a disfrutar. Y esa noche definitivamente Fer se divirtió y empezó a considerar que las llamadas y las palabras de Humberto podían ser no tan desagradables y sus propuestas no tan descabelladas. Al final de la cena Fer y Humberto decidieron caminar unos instantes y ahí en alguna calle de la condesa, con la luz de la luna a media intensidad, Humberto le dijo a Fer que lo amaba, que no podía estar con otro hombre, le prometió fidelidad y le aseguró que lo esperaría a estar listo. Fer no dijo nada pero la idea de la espera romántica lo conmovió. Esa noche Humberto y Fernando se besaron, el primero hizo una promesa y el segundo estaba muy cerca de hacerla.

Y en la habitación de Hotel en donde Ro y Sergio se preparan para iniciar su historial sexual: Con la luz a media intensidad, el sonido de los autos que atraviesan la avenida y su reflejo en los espejos que rodean la habitación Fer y Sergio empiezan a despojarse de sus ropas. Se quitan las camisas y miran sus vientres, sus manos recorren la piel nerviosa, sus labios recorren cada punto, su piel se eriza, sus pezones reviven. Se quitan los pantalones, sus manos recorren las piernas velludas que se excitan, sus labios recorren el camino de lo desconocido. La escena parece perfecta pero… dentro en sus pensamientos Rodrigo no puede contener los nervios. Había esperado tanto tiempo por este momento que su cuerpo lo empieza a traicionar. Hay momentos que hemos visualizado tanto y hemos esperado tanto que cuándo llegan simplemente es demasiado y no las podemos asimilar. Esa noche en un hotel de paso Ro no pudo mantener viva la “llama” de la pasión y él y Sergio se quedaron acostados en la habitación del hotel, con los ruidos de los autos a lo lejos, su reflejo en el espejo y el deseo de que la segunda vez el deseo se convierta en realidad.
Y en la noche después de un día entero de sexo Julián y yo caminamos hacia Condesa DF es el cumpleaños de un amigo y el momento ideal para presentarle a mis amigos a Julián. Al llegar sólo hay una persona en la mesa es uno de los amigos de Fer, se llama Alfredo y es uno de esos gays intelectuales que presume de sus conocimientos en: vinos, idiomas y literatura. Mientras esperamos pedimos un Martini Horchata y yo recibo una llamada es Adrián que está afuera y quiere contarme algo: yo salgo y platico con él sobre Lucas, a los pocos minutos llega Ro y nos cuenta sobre su historia de lo que entre risas llamamos: terror escénico, después llega Marko y casi llorando nos pone al tanto de la historia con su príncipe azul que al final se convirtió en un Shrek cualquiera y por ultimo llega Fer, nos platica sobre Humberto y sus promesas de amor, casi una hora después afuera de Condesa DF, junto al cochecito de cuerda, cinco amigos se dan cuenta que a veces el mejor lugar para tener una plática se da en el lugar que menos se espera. Al regresar al restaurante me doy cuenta que Julián y Alfredo han aprovechado nuestra ausencia para convertirse en grandes amigos, durante toda la cena Julián me ignora y parece divertirse mucho con Alfredo. Mis amigos lo odian. Yo simplemente espero a que reaccione. Luego de varias horas Julián y Alfredo parecen en la cita perfecta, lo cuál sería perfecto si Julián no saliera conmigo. Luego de cinco martinis Horchata después yo decido que es hora de dejar el lugar y tal vez tenga que hacerlo sin Julián. Me levanto me despido de todos y le digo a Julián:
Me voy. ¿Vienes?

Julián me mira a los ojos, mira a Alfredo y se acerca al último para darle un beso de despedida. Afuera mientras caminamos de la Condesa a la Roma el silencio delata lo malo de la noche. Ya en la Roma Julián me dice que las cosas no funcionaran si me meto con su libertad:
Atl: Wey una cosa es tu libertad y otra que coquetees con otro delante de mi y mis amigos
Ju: Eso es lo q te preocupa que lo haya hecho delante de ellos.
Atl: Son mis amigos, son parte de mi vida y te odiaron.
Ju: Sorry, así soy yo, nunca te he mentido, sabes lo complejo que soy. Pensé que lo sabías y habías aceptado las reglas del juego. Atl: Reglas? Juego? De que hablas yo sólo quiero que esto funcione
Ju: Pues ya sabes las condiciones. ME VOY. VIENES? (Me tiende la mano y me mira directamente…)

Atl Mendarte